¿Ha bajado el independentismo en Catalunya?

Una aproximación a un hipotético Parlament de Catalunya en base a los resultados del 24-M | La respuesta a la pregunta es no, y la razón, una desproporción del sistema electoral amparada por la Constitución, común a toda España y que se someterá a debate en julio

Las elecciones municipales se pueden interpretar en múltiples claves… Y en una más en Catalunya. Con la cercanía de las elecciones al Parlament de Catalunya, previstas para el 27 de septiembre si el entendimiento entre CiU y ERC lo permite, el 24M es un buen barómetro para medir el estado de las cosas. La pregunta catalana es, entonces, ¿ha bajado el independentismo en Catalunya? La respuesta es, inevitablemente, a la gallega: Depende de con qué momento se compare.

CiU y ERC obtuvieron 1.179.029 votos en las pasadas elecciones municipales. Esto es, el 37,88% del total de votos. Comparando esta cifra con los comicios precedentes se hace evidente una tendencia a la baja. En las catalanas de 2010 y en las municipales de 2011, celebradas ambas antes del viaje al independentismo de Artur Mas, la suma de ambos partidos representó el 45,43 y el 36,10% de los votos, respectivamente. En las elecciones al Parlament de 2012, CiU y ERC sumaron el 45,43% de los votos, mientras que en la Europeas de hace un año, ambas formaciones obtuvieron el 45,53% de los sufragios. Hay que tener en cuenta, no obstante, que los resultados electorales de ERC en las municipales suelen ser peores que en las autonómicas: en las municipales de 2007, ERC, con la marca ERC-AM obtuvo el 11,6% de los votos, aunque en las catalanas del año previo había sumado más del 14% de los apoyos. Conviene recordar que, en aquel 2007, ERC presentó lista sólo en el 20% de los municipios.

Aún así se podría observar un cierto estancamiento, incluso con la suma de las CUP –a las que hay que contar como voto independentista, pero a las que cuesta imaginar firmando un acuerdo de Gobierno con CiU. Tanto como imaginar una suma entre PP y Podemos-; incluso con la suma de las CUP, decía, el voto independentista en estas municipales sería del 45% (1.400.775 votos), inferior al 47,88% de los votos obtenidos por la suma de las tres formaciones en las catalanas de 2012 (la CUP no se presentó a las europeas, con lo cual la comparativa es imposible).

Si el independentismo ha caído ha perdido casi tres puntos respecto a 2012 y la suma de votos de CiU, ERC y CUP es inferior a la registrada por el Sí+Sí en la consulta del 9-N (1.861.753 apoyos), la respuesta lógica y razonable a la pregunta sobre el descenso del independentismo en Catalunya es que, en efecto, ha descendido.

Pero, ¿alguien definiría la realidad, cualquier realidad, como lógica y razonable.

El efecto Maragall
En las elecciones catalanas de 1999, el PSC –que concurrió a los comicios bajo su propia marca en la provincia de Barcelona y con la marca PSC-ICV en las tres provincias catalanas restantes- obtuvo 4.000 votos más que CiU, pero CiU logró cuatro estaños más, 56, que permitieron que Jordi Pujol gobernase un sexto periodo con el apoyo –eran otros tiempos- del PP ¿Cómo fue posible? Aunque la del PSC fue la lista más votada en toda Catalunya y en la provincia de Barcelona, CiU se impuso con bastante margen en Tarragona, Lleida y Girona. Como quiera que estas provincias otorgan 50 de los 135 escaños del Parlament, a la hora de repartir escaños, la ventaja de Maragall se convirtió en desventaja.

En Catalunya, el reparto de escaños se realiza al amparo del artículo 68.2 de la Constitución Española, que indica: “La ley distribuirá el número total de Diputados, asignando una representación mínima inicial a cada circunscripción y distribuyendo los demás en proporción a la población”. No obstante, el reparto de escaños por circunscripciones electorales –las cuatro provincias- no es proporcional a la población, sino que utiliza la potestad de asignar una “representación mínima inicial a cada circunscripción” para realizar, sobre ese principio, el reparto proporcional. Eso, en suma, crea una diferencia sobre el valor del voto que se ve claramente en cifras. Barcelona elige a 85 parlamentarios catalanes (el 63% del hemiciclo), aunque con más de 5,5 millones de habitantes, la provincia representa el 73% de la población catalana. En una proporción directa entre escaños otorgados y población, Barcelona debería otorgar 98 escaños, pero en realidad dispone de trece menos. Esos trece se los reparten, en una proporción mayor de la que les correspondería por población, Tarragona (18 escaños, 13% del total con un 10,8% de la población), Girona (17 escaños, 12,6% del total con un 10,1% del total) y Lleida (14 escaños, 10,3% del total con un 5,9% de la población).

(Este sistema no es exclusivo de Catalunya: en el resto de España se utilizan proporciones –o desproporciones- similares, que han favorecido la permanencia del bipartidismo. Que no sólo suceda en Catalunya, sino en toda España, no obstante, no significa que sea lo mejor, ni lo adecuado. Dos errores no suman un acierto)

En este 2015, lo que podríamos hacer llamar el efecto Maragall vuelve a dejarse sentir en Catalunya. Si Catalunya fuese una circunscripción única, el 37,88% de los votos obtenidos por CiU y ERC en las municipales, aplicada la corrección de la Ley d’Hont, se convertirían en 58 escaños en el Parlament, a diez de la mayoría absoluta. Si las cuatro circunscripciones tuvieran una representación proporcional a su población (Barcelona 98, Tarragona 15, Girona 14 y Lleida 8), la suma de CiU y ERC llegaría a 63 parlamentarios, a cinco de la mayoría absoluta. Con el sistema de representación actual, el 37,88% del voto cosechado por CiU y ERC en las municipales les daría 65 escaños, a tres de la mayoría absoluta. Dicho de otra forma: con el 37,88% de los votos, las dos fuerzas impulsoras del proceso soberanista se harían con el 48,15% de los escaños del Parlamento catalán. Si se le suman los votos de las CUP, el 45% del voto independentista en Catalunya se reflejaría en un 55,66% del Parlament. 75 escaños: una sobrada mayoría absoluta.

Así que, a la pregunta: ¿Ha bajado el independentismo en Catalunya?, la respuesta sólo puede ser: No. Mientras la caída de voto de CiU en Barcelona se compense con la subida de ERC y tanto CiU como ERC sean las fuerzas hegemónicas en Tarragona, Lleida y Girona –como así fue en las europeas de 2014 y las municipales de 2015-, la suma de CiU y ERC tendrá una representación mayoritaria, e incluso de mayoría absoluta, en el Parlament de Catalunya. Aunque no lleguen a representar el 40% del total de votos.

Obviamente, el resto de partidos son conscientes de esta situación. Y en la discusión parlamentaria sobre la Ley Electoral catalana –inexistente hasta esta fecha-, el cambio del sistema de representación está entre sus demandas. El debate, iniciado en abril, se desarrollará en julio. CiU, ERC e ICV tienen un acuerdo sobre el texto que incluye la sustitución de la provincia por la veguería como circunscripción electoral.

Los tres partidos suman 84 escaños en el Parlament. La aprobación de la Ley requiere el apoyo de dos tercios del hemiciclo (90 diputados).

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