Azúcar contra el ‘Chick lit’: Marian Keyes, o cómo morir (o casi) de moñez

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Arranquemos aclarando conceptos: El diario de Bridget Jones, querido lector no iniciado, es al Chick lit lo que el Quijote a las novelas de caballerías. Esto es, su momento culminante aunque no iniciático. Y dado que en este 2016 veremos a la adorable Bridget (o lo que Renée Zellweger ha dejado de ella) estrenar maternidad, conviene regresar a lo primigenio. Y en cuanto a Chick lit hablar de orígenes es hablar de Marian Keyes. Sigue leyendo

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Una vez escribí un libro

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Aunque a veces se me olvide por desazón o desidia, es rigurosamente cierto: Una vez escribí un libro. Fue sin querer -es cierto-, y quizá por matar las horas perdidas, que ya estaban en realidad muertas, pero la cuestión es esta: que una vez escribí un libro, que al principio fue blog (este, que es un desastre de diseño y edición, con sus erratas incluidas) y que acabó haciéndose papel aquí (también como un desastre de diseño y edición, con sus erratas incluidas).

Supongo que casi un lustro después es hora de perder la vergüenza por haberlo hecho. Sí, una vez escribí un libro. Entre otras razones, por esto: Sigue leyendo

La batalla perdida

Tras la derrota, el General se refugió en su mansión. Pensó en dedicarse a la jardinería –el clima, la riqueza de la tierra y los conocimientos de botánica adquiridos en largas noches de enciclopédica lectura hubieran convertido la finca en la más notable de las ya de por sí notables mansiones de la zona-, pero lo desestimó: le hubiera faltado paciencia. La caza fue una alternativa, y se refugió en ella un tiempo, hasta que una mañana, mientras apuntaba a un venado, sintió una rara forma de piedad, una clemencia que desconocía -y que achacó a la vejez, y a la derrota: nunca había dudado en mandar a racimos de hombres a una muerte segura si la operación, militarmente, lo exigía-. Fue incapaz de disparar a aquel imponente ciervo que se erguía sobre el horizonte de la colina, imperial, indefenso: inocente. “Sí –desveló a sus allegados -, inocente. No es que no pudiera dispararle: es que no encontré motivo”. Aquella confesión le costó buena parte de los pocos amigos que ya le quedaban, militares como él. “La vida retirada le ha contagiado la cobardía”, decían, con un gesto que nunca se supo bien si era de pena o de reproche. Sigue leyendo

La CUP, Podemos y el Régimen del 78

Mientras el Parlament de Catalunya inicia una desconexión de España a la que el Tribunal Constitucional se opondrá, en la CUP sigue el debate interno sobre qué hacer con la investidura de Mas. Las opciones son diversas: desde proponer un candidato alternativo (Neus Munté; finalmente, la opción es Raül Romeva) a ceder los votos mínimos para hacerla viable, y también negar la mayor y detener, o eso se afirma desde CDC, el proceso. Sigue leyendo

El triple de Lakovic (y no de Marc García)

¡Qué triple de Solozábal! Es impresionante la capacidad de Nacho. Con 39 años, todavía es capaz de meter canastas decisivas, aunque sea en una competición como la Liga EBA. Y fíjate en que emocionado abrazo le dan sus compañeros. Podría ser el padre de alguno. Mira a ese chaval. Juan Carlos Navarro, se llama. Tiene 18 años recién cumplidos. Fíjate en cómo mira a Solozábal. Con qué admiración. Con qué reverencia. Sigue leyendo

Cómo joder a un ‘beatle’


Paul quits The Beatles. El titular del 10 de abril de 1970 del Daily Mirror siempre hizo sonreír a John Lennon. Dos años antes, durante la grabación del Álbum Blanco, Ringo dejó el grupo durante dos semanas, aburrido de jugar a las cartas mientras el grupo, o las fracciones que quedaban de él, le ignoraba. La batería de Birthday, firmada por Paul McCartney, es testimonio de la fractura. Un año después, en 1969, la discusión entre Macca y George Harrison en los fríos estudios de Twickenham llevó al guitarrista a dejar la banda durante un tiempo. “Tocaré lo que quieras que toque. O no tocaré si no quieres que toque. Haré lo que sea que te complazca”, dijo Harrison, y así lo atestigua la película Let it be. Y el propio John, en plena fusión con Yoko Ono, también había anunciado su intención de dejar el grupo a lo largo de 1969. Claro que también había anunciado que era la reencarnación de Jesucristo. Pero en su etapa de destrucción del mito beatle, Lennon se planteó dejar la banda. Por eso quiso que Let it be viera la luz con su pobre producción original. Y por eso cantó “I don’t believe in Beatles” en su celebrada God.

La cuestión es que cuando Paul McCartney dejó The Beatles, el resto del grupo ya había dejado la banda previamente. Y por eso Lennon sonreía: Paul actuaba como un novio despechado. Con ese “la he dejado yo” que generalmente camufla el dolor por el abandono no deseado.

Todo ese desprecio se convirtió en guerra el 28 de mayo de 1971. Ese día, Paul McCartney publicó RAM, su segundo álbum en solitario. Y John Lennon vio en él una declaración de guerra.

Porque lo era. Sigue leyendo

Por qué Trump ataca a la inmigración (y al Partido Republicano le conviene)

Las elecciones presidenciales de 2012 se decidieron en California, Nuevo México y Florida, tres estados fronterizos que dieron a los demócratas 89 votos electorales que garantizaron el segundo mandato de Obama | La agresiva campaña antiinmigración del precandidato republicano Trump llama al voto reaccionario para recuperar ese terreno, con el Partido Republicano observante en la distancia

Donald Trump está siendo la estrella de la campaña a la candidatura republicana de cara a las presidenciales de EE.UU. de 2016. Su discurso reaccionario respecto a la inmigración ilegal ha conseguido el que debe ser su primer objetivo: que la inmigración ilegal sea un tema de debate de un calado superior al previsto. La pregunta es: ¿El del republicano es un discurso vacuo, fácil y populista que se deshará con el tiempo o responde a un plan? Por motivos obvios –Trump no aspira a ser un agitador de precampañas, sino candidato-, la respuesta correcta es la segunda opción. Y la explicación está en el mapa electoral resultante de las presidenciales de 2012.

(Fuente: Wikipedia)
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Eurobasket 2015: El año de Víctor Claver


La carrera de Víctor Claver (Valencia, 1988) podría resumirse en un cúmulo de oportunidades no aprovechadas. A sus casi 27 años, todavía hay demasiadas preguntas sin respuesta sobre el valenciano ¿Alero o ala/pívot? ¿Jugador clave o de complemento? ¿Talento por explotar o decepción? ¿Jugador bonito o jugador bueno? Repasada de un vistazo, su carrera no debería ofrecer dudas: Tres años en la NBA, 104 internacionalidades con la mejor selección de la historia de España, gran capacidad física y un rango de tiro más que correcto para su posición. Pero deteniéndonos en el detalle es donde encontramos las simas: falta de asiento en sus equipos, carácter aparentemente frágil, más espectador que protagonista de su trayectoria.

Pero siempre ha estado ahí, y sigue estando. Sigue leyendo