El triple de Lakovic (y no de Marc García)

¡Qué triple de Solozábal! Es impresionante la capacidad de Nacho. Con 39 años, todavía es capaz de meter canastas decisivas, aunque sea en una competición como la Liga EBA. Y fíjate en que emocionado abrazo le dan sus compañeros. Podría ser el padre de alguno. Mira a ese chaval. Juan Carlos Navarro, se llama. Tiene 18 años recién cumplidos. Fíjate en cómo mira a Solozábal. Con qué admiración. Con qué reverencia.

Esto que os cuento no pasó. O no ha pasado exactamente así. Este domingo Jaka Lakovic, base esloveno de 37 años, fue noticia por meter el triple decisivo en la victoria del Barça B contra el Prat en la LEB Oro de la FEB. El equivalente a la Segunda División, para los profanos. Y lo ha hecho formando parte del Barça B. En efecto, con 37 años y una carrera de éxito a sus espaldas juega en el filial azulgrana.

A Jaka Lakovic le quedan pocos tiros por meter. Es la edad, es ley de vida. Y el del domingo ante El Prat fue un tiro más, otro momento en su carrera. Ni siquiera brillante, dados los escenarios a los que estaba acostumbrado. Pero para algún jugador joven, que de verdad esté en el Barça B como parte de su formación, ese tiro fue una oportunidad perdida. Podría haber sido uno de sus primeros tiros decisivos, una experiencia impagable. Una dosis de autoestima de gran calibre. Una llamada de atención para el primer equipo. Pero eso no sucedió: el filial decidió ponerse en manos de Lakovic. Emir Sulejmanovic, ala pívot finlandés de 20 años, se limitó a pasar y bloquear. Marc García, escolta de 19 años que llevaba 3 de 6 en triples (y un 40,9% en la temporada) y que, según DraftExpress es el séptimo en el ránking de International Talents de su promoción, ni siquiera participó en la jugada.

Imaginad que el primer párrafo de este texto hubiera sido cierto. Imaginad que Navarro hubiera sido eclipsado en el filial del Barça por un veterano como Solozábal. Imaginad que no hubiera podido vivir la experiencia de lanzar tiros decisivos. Imaginad que, en años cruciales de su formación, su aportación al equipo se hubiera limitado a ver cómo resolvían los veteranos.

Imaginad cuánto hubiera perdido nuestro baloncesto.

E imaginad cuánto está perdiendo ahora con estos filiales ficticios, con las canteras tradicionales en crisis de modelo y con la NBA llevándose a los jóvenes europeos cada vez más jóvenes. Si en un partido de la cuarta jornada de la LEB el Barça B se pone en manos de un esloveno de 37 años para llevarse la victoria, ¿qué sentido tiene tener un filial?

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